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lunes, 3 de agosto de 2026

El vuelo del Plus Ultra

Para finales de 1924, el Comandante de la Aeronáutica Militar, Ramón Franco, comenzó a estudiar la posibilidad de realizar un vuelo transatlántico que uniera España con América. La travesía apuntaba a visibilizar las capacidades de la aviación española, transmitiendo una imagen de modernidad y prestigio en un contexto interno marcado por conflictos en Cuba, Filipinas y Marruecos. A su vez, buscaba sentar precedentes para la navegación aérea sobre el mar a grandes distancias y estrechar lazos entre España y las jóvenes naciones americanas de habla hispana.
Aeronave (replica) en el Muse de los Cuatro Vientos, Madrid.

Surgió así el proyecto de unir la Península con el Río de la Plata a bordo de un hidroavión bimotor Dornier Wal, bautizado "Plus Ultra" (Más allá, en latín). Con 17 metros de largo, 2 de alto y 23 de envergadura, la unidad contaba con dos motores de 450 caballos para accionar dos hélices (tractora e impulsora), que le permitía alcanzar una velocidad máxima de 180 kilómetros por hora.

La aeronave fue acondicionada especialmente para el cruce, ampliando su capacidad de combustible e incorporando modernos instrumentos de orientación como el sextante, con nivel de burbuja, y un radiogoniómetro para detectar señales de radio costeras.

“El plan original preveía bajar por el Atlántico hasta Buenos Aires y luego cruzar a Santiago de Chile, subir hasta Perú, Ecuador, Colombia, Panamá y Venezuela, para finalmente regresar a España”, detalla el Capitán de Navío VGM (RE) Juan José Membrana, actual Presidente del Instituto Aeronaval, una asociación civil sin fines de lucro que trabaja con el apoyo de la Armada en la divulgación histórica de la Aviación Naval.

Con el visto bueno del Rey Alfonso XIII y del Presidente del Consejo de Ministros, Miguel Primo de Rivera, el 22 de enero de 1926 el "Plus Ultra" partió desde Palos de la Frontera, en la provincia de Huelva, Andalucía. La decisión inscribía a la empresa dentro de una larga tradición de exploración española, ya que desde ese mismo puerto había zarpado la expedición al mando de Cristóbal Colón el 3 de agosto de 1492.

La tripulación del avión estuvo integrada por el Comandante Ramón Franco, piloto y alma mater del desafío; acompañado por el Capitán Julio Ruiz de Alda, quien ofició de navegante; el Teniente de Navío Juan Manuel Durán y el mecánico Pablo Rada. En simultáneo, la Armada Española dispuso dos buques de apoyo --el crucero “Blas de Lezo” y el destructor “Alsedo”-- encargados de brindarles soporte logístico.

Sobre los detalles del viaje, el Capitán Membrana describe que cada etapa del raid insumió entre 10 y 12 horas continuas de vuelo, lo que demandó agilidad física y entereza mental por tratarse de una aeronave de cabina abierta, expuesta al viento, la lluvia y el frío: “No existía la posibilidad de vuelo autónomo, lo que obligaba al piloto a mantener los controles de forma permanente”, precisa.

Luego de parar en Las Palmas de Gran Canaria (España) y Praia (Cabo Verde), el "Plus Ultra" alcanzó Brasil pasando por las islas Fernando de Noronha, Recife y Río de Janeiro. Por último, tras una escala en Montevideo (Uruguay), arribó a Buenos Aires el 10 de febrero. En total, la travesía se extendió por 19 días y 10.270 km; con 59 horas y 39 minutos de vuelo efectivo.

Aeronave (original), expuesta en el Museo de Lujan.

Recepción y regreso

Pese al calor agobiante, miles de vecinos presenciaron el amerizaje del "Plus Ultra" sobre la Costanera Sur. Los cuatro valientes fueron recibidos por el entonces Ministro de Marina, Almirante Manuel Domecq García, en un clima de ovación y entusiasmo popular. Más allá de la proeza técnica, el arribo simbolizó la conexión de dos continentes mediados por el Atlántico. Una epopeya única de tradición y coraje.

En seguida, la comitiva se dirigió hasta Plaza de Mayo para reunirse con el Presidente de la República, Marcelo T. de Alvear, quien los invitó a asomarse por los balcones de la Casa de Gobierno y saludar a la multitud.

Franco y Ruiz de Alda describieron así su llegada a la Argentina en “De Palos al Plata”, el libro publicado en 1926 que reconstruye sus vivencias: “Por las mañanas, tenemos que dedicar varias horas para recibir las delegaciones de los pueblos, que nos traen placas de oro, medallas y pergaminos. A cambio de ellas, tenemos que firmar multitud de retratos que conservarán en alejadas provincias, como recuerdo de nuestro vuelo”.

Los festejos siguieron e incluyeron agasajos, conferencias, viajes a ciudades del interior, entrevistas con la prensa y recepciones. El Mayor Pedro Zanni y el Capitán de Corbeta Marcos Zar, glorias de la aviación nacional, fueron algunas de las figuras de la época que ofrecieron su reconocimiento a la tripulación. Sin embargo, ese entusiasmo inicial se vería algo alterado con el correr de los días.

El 21 de febrero, mientras la comitiva se encontraba en Mar del Plata, el Comandante Franco recibió la orden del Gobierno español de concluir la expedición y ceder el avión como prenda de amistad entre España y Argentina, modificando el plan original de retornar por aire a España.

Con sentimientos encontrados, los aviadores regresaron a la capital porteña, desde donde se embarcaron a bordo del crucero ARA “Buenos Aires” rumbo a Europa. Arribaron a España en la mañana del 5 de abril de 1926, siendo recibidos por el Rey en una caravana de festejos que iba desde Huelva hasta Sevilla.

Por su parte, el buque de la Armada Argentina permaneció en el viejo continente, teniendo la oportunidad de inaugurar, con Alfonso XIII a bordo, el primer puente articulado construido sobre las orillas del río Guadalquivir.


Un compromiso fundamental

En Buenos Aires, el avión fue exhibido en la muestra anual de la Sociedad Rural Argentina de 1926 y luego enviado a la Isla Maciel, donde permanecería hasta que se construyera un cobertizo para su resguardo. Frente a la demora de esas obras, el Ministro Domecq García designó al Capitán Zar como responsable del hidroavión y, desde entonces, la Armada Argentina asumió un compromiso fundamental con el cuidado de la unidad.

“Este tipo de hidroavión no era desconocido para la Armada, de hecho, la Aviación Naval contaba con tres unidades operativas del mismo modelo, incorporadas en 1923. Por eso la decisión de Zar fue desmontar el avión y trasladarlo por ferrocarril hacia los hangares de Dornier Wal, en la Base Aeronaval de Puerto Belgrano”, explica el Capitán Membrana. Allí se mantuvo hasta que en 1936 fue reubicado en el Museo de Transportes de la ciudad de Luján (actualmente parte del Complejo Museográfico Provincial “Enrique Udaondo”), gracias a las gestiones directas entre Enrique Udaondo, por aquel entonces Director del museo, y el ya Capitán de Navío Marcos Zar, por entonces Jefe del Servicio de Aviación Naval.

Aunque existe el mito de que la aeronave fue utilizada operativamente en tareas de correo, el mismo Zar dejó en claro que siempre estuvo inactivo para evitar “exponerlo al más leve, cuan doloroso epílogo de una emergencia que lo robara a la veneración perenne de nuestra generación y generaciones futuras”.

El "Plus Ultra" solo abandonó el museo en dos oportunidades: en 1968, para su presentación en la 7º Feria del Campo de Madrid, y en 1985, con motivo de los actos por el 60° aniversario de la hazaña.

Esta última salida incluyó una restauración integral y la confección de una réplica exacta, hoy exhibida en el Museo de Aeronáutica y Astronáutica, en Cuatro Vientos (Madrid). Con los años, también se sumó otra reproducción funcional que se conserva en el Museo Dornier de Friedrichshafen, Alemania.


La gloria del Águila

Consagrada a nivel internacional, la expedición del "Plus Ultra" se convirtió en referencia de audacia y espíritu de aventura. Su huella trascendió el ámbito aeronáutico, ganándose un lugar en la cultura popular. Así lo demuestran los monumentos levantados en su honor sobre la Costanera Sur de Buenos Aires y La Rábida de Palos de Frontera; o los tributos artísticos dedicados a la empresa, entre los que se incluye la canción “La gloria del águila”, popularizada por Carlos Gardel en 1928.

“La República Argentina fue fiel a la consigna de custodiar a este avión, proporcionando todo lo necesario y manteniendo una conciencia de honor frente al compromiso asumido tras el regalo de España”, subraya el Capitán Membrana. Bajo esta premisa, el rol inicial de la Armada y el trabajo silencioso pero constante del Museo resultaron claves para la preservación de la aeronave hasta nuestros días.

El cuerpo brillante del "Plus Ultra" representa hoy una odisea que retomó el pulso de las grandes travesías atlánticas, proyectándolas hacia el siglo XX. Una auténtica gesta de esfuerzo y valentía que hoy cumple un siglo, reconocida por nuestro país con el compromiso leal hacia su memoria.


 

martes, 10 de febrero de 2026

Farman

 Henri Farman, pionero de la industria aeronautica francesa, realizo sus primeros diseños a partir de mejoras y modificaciones realizadas a un avion de los hermanos Voisin.

En 1909 diseño el Farman III, un biplano accionado por un motor Gnome rotativo de 50 hp colocado en posicion de empuje, detras del piloto y con helice propulsora. Se distinguio por su estabilizador horizontal delantero y su tren de aterrizaje a ruedas dobles y patines. El puesto de pilotaje, totalmente descubierto permitio ubicar un sagundo tripulante y utilizarlo como avion escuela. Se consolido como un avion fiable por su elevado indice de seguridad, capacidad de carga y gran visibilidad.

La replica que aqui se exhibe (Museo Nacional de Aeronautica) fue construida de memoria, en la decada del 60 gracias al Ingeniero Aeronautico Ambrosio Taravella, ya que no se disponia de los planos originales.

Fue traido al pais (Argentina) para los festejos del Centenario de la Revolucion de Mayo y participo de los homenajes que organizo la naciente actividad aerea.

En abril de 1910 se levanto en El Palomar un hangar para cobijarlo. Alli se iniciaron los primeros vuelos de instruccion de pilotos y mas tarde paso a constituir junto con otras maquinas el primer material de vuelo con que conto la Escuela de Aviacion Militar creada en 1912.

El Avión Henri Farman volando sobre el Campo de Aviación de Villa Lugano, Ciudad de Buenos Aires. Año 1910.

Datos tecnicos

Origen: Francia.

Cantidad: 6.

Motor: Gnome Omega rotativo de 7 cilindros.

Potencia: 50 hp.

Velocidad maxima: 67 km/h.

Techo de servicio: 3000 mts.

Autonomia: 2 horas / 118 km.

Envergadura: 16,50 mts.

Largo: 13,30 mts.

Alto: 3,50 mts.

Superficie alar: 40 m2.

Peso vacio: 350 kg.

Peso maximo: 500 Kg.

lunes, 26 de enero de 2026

Jorge Newbery

Fue el seno fecundo que dió vida a la aviación de las fuerzas armadas.

Jorge Alejandro Newbery nació en Buenos Aires, el 27 de mayo de 1875.

Fue el segundo descendiente del matrimonio formado por Ralph Newbery y Dolores Malagarie, celebrado el 26 de julio de 1873, tres años después del arribo a nuestro país de aquel joven dentista inglés, más apasionado por la aventura que por la profesión.

Pues un constante afán por los riesgos llevó a Ralph Newbery a luchar por la abolición de la esclavitud, enrolándose muy joven en el ejército de Grant –apenas contaba dieciséis años- para recibir al cabo de su actuación junto a los federados, una condecoración premiando su valor.

Ese coraje fue tal vez la herencia más preciada que los Newbery recibieron de su progenitor en especial Jorge y Eduardo, dominadores netos sobre el resto de sus diez hermanos.


Jorge Newbery nació en la primitiva casa paterna, que estaba ubicada en el 251 de la actual calle Florida; un par de años más tarde la familia se trasladó a una vieja casona en la calle Libertad, entre Charcas y Santa Fe (lugar donde nació Eduardo, en 1878).

En esa casa inició Jorge su primera aventura, decididamente alentado por la opinión favorable de su padre: pese a las prevenciones maternas, el pequeño viajó a Nueva York para visitar a sus abuelos, cuando apenas contaba… ¡ocho años!

A su regreso curso estudios primarios en el Colegio San Andrés, de Olivos y a los dieciséis años se recibió de Bachiller.

Ese mismo año, su padre decide el traslado de la familia a una finca del barrio de Belgrano (hoy calles Moldes y Blanco Encalada) ubicada sobre una esquina que fue demolida en la década del 50.

Luego de obtener su título secundario, Jorge Newbery tomo una marcada inclinación hacia la mecánica, razón por la cual viajó nuevamente a los Estados Unidos con el propósito de cursar estudios superiores en la Universidad de Cornell, donde permaneció dos años.

Luego, atraído por las últimas invenciones eléctricas, pasó al Drexel Institute, de Filadelfia, teniendo entre sus profesores a Tomás Alva Edison.

Después de cinco años en Estados Unidos, Newbery vuelve a su país con el flamante título de Ingeniero Electricista.

Recién acaba de cumplir 21 años, cuando se lo nombra Jefe en la Compañía Luz y Tracción del Río de la Plata.

Dos años después ingresa a la armada y al poco tiempo es asimilado al grado de Capitán de Fragata.

Su actuación en la Marina es tan destacada, como poco conocida. En esa época viajó a Europa, con el encargo de adquirir equipos destinados a los buques de guerra de la época y a las unidades de defensa de nuestras costas. Eximio nadador, a poco se convierte en profesor de natación de la Escuela Naval.

En el año 1900 Adolfo Bullrich, a la sazón Intendente Municipal, lo nombra Director General de Alumbrado de la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires, cargo que ocupó hasta su muerte, con el previo consentimiento de la Armada Nacional.

Jorge Newbery fue dueño de una personalidad muy definida. Tal vez la herencia paterna, en ese aspecto, haya recaído sobre él como sobre ninguno de sus hermanos; era observador, calculador, matemático… Todo lo hacía mediante el cálculo previo de las posibilidades –memoraba tiempo atrás el capitán Alfredo Maranesi, cuñado de Eduardo, quien distinguía a ambos con esta sentencia; pero Eduardo era todo lo contrario. Se lanzaba a la aventura sin meditarlo.

De buen físico, simpático y arrogante, Jorge Newbery fue definido por sus contemporáneos como "un hombre alegre, decidido y formal".

Algunas historias pretenden exagerar su figura, haciéndolo aparecer como un "playboy" de la época. Jorge Newbery, al igual que muchos personajes famosos de cualquier época, debe haber protagonizado apenas la mitad de las historias que se le atribuyen.


La marcada inclinación hacia todos los deportes, le mereció el calificativo de "poeta de la energía". Y tal aseveración se impone al considerar que, independientemente de su definida pasión por la altura, Newbery fue vencedor en los concursos boxísticos organizados por los clubes Athletic y Sherman Gymnasium de Londres en 1899 y años más tarde vencedor de otros asaltos que se organizaron en el Jockey Club y en el Club de Gimnasia y Esgrima. En este último, obtuvo el primer premio en el torneo sudamericano de florete de 1901 y en 1907 superó a Berger, campeón francés de espada, en una prueba realizada en el Jockey.

Apasionado por el remo, acompañó a Juan Mouras en una prueba de "clinkers" de dos remos largos, contra los hermanos Müller, estableciendo poco tiempo después el record de velocidad, en un bote de cuatro remos largos, acompañado por Lanusse, Van Praet, y Varas.

En lucha grecorromana también se destacó y el 9 de octubre de 1903, en Gimnasia y Esgrima, venció al profesional Zavattaro. Tres años más tarde –en 1906- ganó la regata organizada por el Tigre Sailing Club, con el cúter Sprapper. El automovilismo no estuvo ausente entre sus preferencias deportivas y en un Brasier de 120 HP, desafió a Ignacio del Carril, superándolo a una velocidad de más de 133 kilómetros por hora.

El 25 de diciembre de 1907, Jorge Newbery y Aarón de Anchorena partieron del "gasómetro de los ingleses" a bordo del "Pampero", un globo de seda de 1.200 m3 que este último acababa de traer de Francia. Estas experiencias aerostáticas que fueron acompañadas por el éxito y por el entusiasmo de sus cultores, hizo que en los primeros días del año siguiente se fundara el "Aero Club Argentino".

Esta institución se constituyó desde entonces en la vanguardia de la aeronáutica civil argentina y como señalara en una oportunidad el Brigadier General Angel María Zuloaga, "fue el seno fecundo que dio vida a la aviación de las fuerzas armadas.

El éxito de los primeros vuelos alentó a Eduardo Newbery a acometer la empresa de realizar un raid en globo para llegar a La Pampa y así se inició la aventura del "Pampero", que partió de los terrenos de Tornquist (Hoy Luis María Campos y Maure) el 17 de octubre de 1908 y del cual nunca más se tuvieron noticias.

Un mes más tarde Newbery le envía una carta a su amigo Aarón de Anchorena en la cual, luego de exponerle su teoría respecto a las causas del accidente de su hermano, le manifiesta su decisión de renunciar al Aero Club Argentino, cuya presidencia ejercía por entonces, y le comunica su inminente boda con Sara Escalante, una hermosa muchacha perteneciente a una antigua y prestigiosa familia tucumana, hija del Ministro de Agricultura Wenceslao Escalante y Javiera Reto.

Gracias a la energía de su carácter fue posible mantener el entusiasmo de los deportistas de la época y a tres meses de la desaparición del "Pampero", el 24 de enero de 1909, Newbery partió de "Los Ombúes" a bordo del globo "Patriota", de 1.200 m3, adquirido en París por el ingeniero Horacio Anasagasti y donado por éste al Aero Club.

Con ese globo llegó a Marcos Paz, en la provincia de Buenos Aires y meses después entrevistó al Dr. Alfredo Lorenzo Palacios (1880-1965): "Nadie quiere oír hablar de globos, doctor, desde la desaparición de mi hermano –le dijo al cabo de una prolongada entrevista- Si usted sube, se hará un movimiento favorable. Se borrará la impresión dramática de los actuales momentos. Necesito un hombre como usted" –fueron en síntesis sus palabras.

Por aquellos días, el doctor Palacios iniciaba como diputado su campaña socialista. Se entendieron y éste logró su objetivo. En un día nublado, ambos se encontraron en la barquilla del "Patriota", junto a Lisandro Billinghurst:

Se refería tiempo después el doctor Palacios:

"Yo sabía lo que era una nube pero nunca la había tocado. Y cuando nos hallamos a pleno sol y la sombra del globo resbalando sobre las nubes, asistí a un maravilloso espectáculo que jamás viera ni imaginara. Todo envuelto en silencio, un silencio poético, suave, un silencio de nubes serenas. Llegamos a los tres mil metros, iniciamos el descenso y bajamos en la estancia de la familia Correa. Algunos campesinos, alarmados, creyeron en el retorno del "Pampero. Nuestro descenso se produjo cuando la familia Correa se disponía a tomar el té. Se nos invitó y fuimos realmente, unos invitados caídos del cielo…"

Luego de realizar otros vuelos en el "Patriota" y en el "Huracán" que no hacen más que acrecentar en sus detractores la idea de llamarle "el loco de los globos", Jorge Newbery acarició la idea de realizar algo que conmoviese el sentir nacional y estimulara a su vez a la juventud a volcarse a la aventura de volar.

Para ello fue necesario preparar, tras muchos meses de estudio, una excursión de largo aliento. De allí que se dedica a equipar pacientemente al "Huracán" y luego de experimentar la frustración de varias jornadas, en que los vientos no son favorables a la ascensión planeada, el 27 de diciembre de 1909 se embarca, llevando como únicos compañeros de esta nueva aventura varios aparatos de precisión. En la barquilla del "Huracán", solamente está él; abajo, suena el río en la espesa negrura de la noche… Tiempo después, el mismo Newbery contaba su experiencia:

"Es la emoción más intensa que puede experimentar un ser humano. El río hervía abajo, lleno de malos presagios y amenazando con su salvaje y extraño idioma, pero la luna plena que rielaba las aguas, hacía de cada onda un cambiante, y parecía la superficie del majestuoso río un campo de nácar y lentejuelas. Una impresión inmensa, dominadora, subyugante, se posesionaba de mí y en el ascenso se sentía algo como una dulce embriaguez que acariciaba los sentidos y el espíritu…"

Luego de un rato, la aparición del faro de la isla de Martín García le devolvió la calma y al cabo de las horas se encontró muy cerca de la ciudad de Río Negro, en el Uruguay. Su libreta de apuntes registra entonces una secreta confesión dirigida a su hermano:

"Eduardo, ¿dónde estás? ¿En qué capa de nubes te escondes, en qué lugar de este cielo inmenso te has perdido, en qué galaxia has puesto tus pies, tu coraje, tu sonrisa de niño?" (R. Larra – El Conquistador del Espacio – Año 1960).

El globo sigue ascendiendo, sobrepasando los tres mil metros y un fuerte viento lo impulsa a más de cien kilómetros por hora. El termómetro marca tres grados bajo cero. Calcula que a sus pies está Bagé, pegada a la frontera con Brasil, lo que significa que ha atravesado el Uruguay. Casi lleva trece horas de vuelo cuando se decide a concluir la excursión. Y baja en un parque, entre la algazara de quienes se acercan a recibirlo. Hay abrazos y vítores para la Argentina y para el Brasil. La noticia trasciende y llega a Buenos Aires: "Jorge Newbery ha batido el record de tiempo y distancia en Sudamérica volando, durante trece horas, 550 kilómetros".

A su regreso a la Argentina, el Aero Club Argentino le entrega una medalla y un diploma: la hazaña lo ubica en el cuarto lugar del mundo, en tiempo de suspensión y en la sexta ubicación, respecto a la distancia recorrida. Jorge Newbery suma así un nuevo lauro a su vida deportiva.

En tanto, su vida privada soporta dos rudos golpes. A la pérdida de su madre, le sucede la de su pequeño hijo, única descendencia de su matrimonio con Sara Escalante.

El 8 de enero de 1911 vuelve a superar el record de distancia, recorriendo 660 km, y el de altura, a la vez, elevándose a 3.400 metros. Ambas hazañas las realiza a bordo del "Eduardo Newbery", un globo construido en Francia y adquirido por el Aero Club Argentino. La distancia recorrida entonces fue la de Belgrano a Maciá, en la provincia de Entre Ríos, acompañado por Frank Lavalle Cobo.

Meses más tarde, en setiembre, le ofrece al Ministerio de Guerra intervenir en las maniobras militares de Campo de Mayo, para lo cual utiliza el "Patriota". El feliz término de la ascensión merece la felicitación del Teniente Coronel Agustín P. Justo, Director por entonces de la Escuela de Tiro de Campo de Mayo y del Ministro de Guerra, General Gregorio Vélez.

Hasta que finalmente y sin proponérselo, bate el record de altura a bordo del "Buenos Aires", alcanzando los 5100 metros el 5 de noviembre de 1912, acompañado por el Teniente Primero Raúl E. Goubat y por el Teniente de Navío Melchor Z. Escola.

A este hombre de coraje que fue Jorge Newbery, a quien se liga invariablemente con el deporte, la aviación civil o militar, no puede divorciárselo de sus actitudes públicas e ideológicas, que lo llevaron a destacarse en su momento como un ciudadano útil y un funcionario eficiente.

Director del Servicio de Alumbrado de la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires, su nombre se asoció a las discrepancias de principios del siglo XX, cuando en el ámbito de la Capital surgió la idea de municipalizar los servicios de alumbrado con total prescindencia de la Compañía Primitiva de Gas, empresa extranjera que usufructuaba de la concesión.

Su trabajo de entonces "Consideraciones generales sobre la municipalización del servicio de alumbrado", fue publicado en los Anales de la Sociedad Científica Argentina luego de su viaje a Estados Unidos, donde participó del Congreso Internacional de Electricidad, realizado en San Luis, en el que fue designado vicepresidente de la Sección Transmisión de Fuerza y Luz.

En aquel trabajo, Newbery se mostró contrario a las concesiones liberales de los servicios públicos, sosteniendo que:

"La delegación del derecho de explotar los servicios que incumben a una ciudad, a empresas particulares, es decir, a agrupaciones parciales que lanzan su capital reunido en busca de intereses, debe ser siempre objeto del más profundo estudio por parte de quien las otorga, si no se quiere contravenir a las obligaciones que impone la administración de los bienes comunales".

Durante el tiempo que estuvo a cargo de la Dirección de los Servicios de Alumbrado de la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires, Jorge Newbery realizó otros trabajos tendientes a mejorar los servicios afines a su especialidad.

Así realizó un estudio titulado "Locomoción y tráfico en la ciudad de Nueva York", en los que publicó conclusiones que podían ser aprovechadas en Buenos Aires. También publicó un trabajo breve, llamado "Sistema telefónico de Nueva York", donde quedó expresado que "el desarrollo del teléfono, como el del tráfico o sea del sistema del transporte o traslación, son un importante factor de crecimiento".

Tiempo después, en los Anales de la Sociedad Científica Argentina publica un estudio sobre la fabricación de la lamparilla eléctrica, que titula "La lamparilla eléctrica incandescente llamada zirconium y otras a filamentos metálicos".

A su afán investigador se debe también un trabajo de casi trescientas páginas, titulado "El Petróleo", donde se trata la historia, orígenes, geología, química, exploración, explotación, comercio, monopolio y legislación del "oro negro", inspirado tras la feliz aparición del 13 de diciembre de 1907, en Comodoro Rivadavia.

El trabajo en cuestión fue realizado con la colaboración de Justino C. Thierry, profesor de química del Colegio Militar de la Nación y jefe del laboratorio de la Dirección General de Alumbrado de la Municipalidad porteña, y fue presentado como un aporte importante a las deliberaciones del Congreso Científico Internacional Americano, celebrado en Buenos Aires en 1910.

El número de ascensiones en globo, que superó las treinta en los últimos tres años, no logró satisfacer las constantes ansias de aventuras que dominaron la existencia de Jorge Newbery.

El cruce del Río de la Plata, del territorio uruguayo, el alcance del suelo brasileño y las marcas de distancia y altura, conseguidas en las últimas ascensiones, solamente le servían de estímulo para alentar una empresa de mayor envergadura: el cruce de la cordillera.

La posibilidad de que tal cometido pudiese ser alcanzado por los chilenos dominaba a Newbery a tal punto, que terminaba por convertirse en obsesión.

En febrero de 1911 viaja a Chile y desde allí estudia la posibilidad de cruzar los Andes desde Santiago hacia aquí, considerando que los vientos que deberían regular las maniobras de su globo serían más favorables en ese sentido, que en el trazado desde Mendoza hacia Chile.

Luego de realizar un prolijo análisis regresó a Buenos Aires decidiendo abandonar la empresa que sólo años más tarde, en 1916, habrían de llevar a cabo Bradley y Zuloaga.

Ante el abandono de su idea, nadie pudo pensar otra cosa distinta a la realidad. Y esa realidad lo mostró a Newbery dispuesto a exhibir su condición de piloto aviador que había obtenido en mayo de 1910 con un monoplano Blériot Auzan 35 HP, en el cual cumplió con la vuelta de pista reglamentaria en el Aeródromo de Villa Lugano.

Su diploma llevó el número 8 en la lista de aviadores argentinos de la Federación Aeronáutica Internacional.

Apoderado por esta nueva pasión, recibe, tiempo más tarde, en su condición de presidente del Aero Club, a todos los pilotos extranjeros que arriban a nuestro país, estimulando así la actividad aérea.

El impulso de dicha actividad, que destaca su nombre, como el de Fels, Castaibert y Mascías, entre otros, induce al Poder Ejecutivo Nacional a suscribir un decreto el 10 de agosto de 1912 (1) por el cual se crea la Escuela de Aviación Militar.

La dirección técnica de dicha escuela es confiada a Jorge Newbery, y a los Tenientes Coroneles M. J. López y Enrique Mosconi.

Empero, la idea de adquirir una flotilla de aviones para alimentar el deseo de aquellos primeros aviadores argentinos, encontró una lacónica respuesta: no hay dinero oficial para ello.

Surge entonces la iniciativa del Mayor Arturo P. Luisoni. Y Jorge Newbery la sostiene. Debe apelarse al pueblo, mediante una suscripción popular.

Se constituye la Comisión Central Recolectora de Fondos para la flotilla Aero Militar Argentina, de la que es vicepresidente.

Un millón y medio de postales alegóricas son adquiridas por el pueblo y cuando se busca el concurso de los militares, el colaborador más activo es el Teniente Coronel Enrique Mosconi, que años más tarde dirigiera Yacimientos Petrolíferos Fiscales.

La gestión se concreta favorablemente y el 25 de mayo de 1913 el público que se congrega en el Hipódromo Argentino asiste al paso de la primera escuadrilla militar que surca el cielo de la Capital.

Al frente de esos cuatro aviones, dirigiendo el vuelo, iba la máquina conducida por Jorge Newbery.

El vuelo inicial estaba previsto para seis máquinas, pero a último momento debieron desistir los Tenientes Brihuega, Zanni, Biedma, Jiménez Kramer y Teodoro Fels.

Los cuatro monoplanos fueron conducidos por los Tenientes Goubat y Agneta, y por los ingenieros Newbery y Mascías, a quien acompañaba Jiménez Lastra.

En tanto Jorge Newbery no abandona su acariciada esperanza de atravesar la cordillera y a título de ensayo, el 24 de noviembre de 1912, con el "Centenario", un Blériot Gnome de 50 HP, cruza el Río de la Plata y aterriza en Colonia, adelantándose a la empresa que para la misma época preparó el Teodoro Fels.

De esta manera el protagonista de nuestro relato se convierte en el primer hombre que cruzó el Plata en globo y en aeroplano.

Cuando los ecos de su proeza aún no se han acallado, el conscripto Fels sale de El Palomar, sin permiso de las autoridades y llega a Montevideo, superando a Newbery y batiendo el record mundial de vuelo sobre agua, superando al italiano Bartolomé Cattáneo, a quien, pese a volar ida y vuelta en el mismo día, Newbery no había conseguido superar.

La audacia de Fels le vale el arresto que le impone el Teniente Coronel Mosconi, por volar sin permiso, más, el mismo militar le concede al día siguiente las jinetas de Cabo, que premian su hazaña sin precedentes.

El 13 de octubre de 1912, a bordo de un Blériot alcanza en vuelo una altura de 2.400 metros, clasificándose en el tercer lugar de altura, entre los pilotos de nuestro país.

Apoyándose en la marca, adquiere en Francia un Morane Saulnier, con motor Gnome, de 80 caballos de fuerza, con el que se dispone a superar la marca de Sudamérica.

Sus 37 años lo muestran en plenitud mental y física, que lo decide a viajar a Mendoza. Previamente a su partida hacia la provincia cuyana sufre un accidente automovilístico en la Avda. Alvear y se fractura un brazo.

Apenas recuperado, bate la marca sudamericana alanzando la altura de 4.075 metros y unos días después eleva esa marca a 4.178 metros. Sin embargo su satisfacción no es total. Para superar la cordillera, en vuelo, debe sobrepasar los cinco mil metros, altura que espera lograr antes del mes de marzo, dado que según sus estudios meteorológicos es el más favorable para el cruce. Aún restan seis meses para la gran empresa.

Tiempo antes de intentar el cruce de los Andes, Jorge Newbery decidió viajar a Europa con el propósito de divulgar todo lo hecho en nuestro país en materia de vuelos.

Su condición de presidente del Aero Club Argentino avala sus exposiciones y sus extraordinarias condiciones son puestas a prueba cuando participa del raid Reims-París, integrando una flotilla con Garrós, Legagneaux y Morane. Asimismo, visita el aeródromo de Hendon, en Inglaterra; el de Johanistal, en Alemania y varios de Francia.

Gana amigos y distinciones en su itinerario europeo. España le confiere la cruz del mérito militar, mientras que el Aero Club de Francia solicita para él los cordones de la Legión de Honor.

El 14 de enero de 1914, Newbery arriba al puerto de Buenos Aires a bordo del Lutetia, enterándose de inmediato que el chileno Clodomiro Figueroa ha desistido de intentar el cruce de la cordillera, lo que lo impulsa más que nunca a acometer la empresa. Llega con él, Paul Gailly, un mecánico francés a quien le encomienda la tarea de adaptar a su Morane un motor Le Rhone.

Finalmente el 10 de febrero, a las cinco de la mañana, el aparato parte desde las pistas de El Palomar, llevando a su bordo al intrépido piloto.

Deja atrás Hurlingham, luego Morón y en media hora es un punto perdido en el espacio. Allá arriba está el héroe, enfundado en su saco de cuero forrado, notando una aceleración impropia en los latidos de su corazón, percibiendo un intenso dolor de cabeza y sobre todo, experimentando una desagradable sensación de frío. Un frío muy intenso que termina por agarrotarle los dedos. Y que apenas le deja ver, en el barógrafo, que ha alcanzado los cinco mil quinientos metros de altura.

Piensa que puede ascender más aún y no se entrega. En su íntima reflexión sabe que la altura de la Cordillera ya ha sido superada, pero intenta algo más de su máquina. Y ésta responde, hasta llegar a 6.225 metros.

Al tocar tierra, todos lo abrazan y lo rodean. Y aunque su marca no es homologada por la comisión internacional, dado que la reglamentación impone la necesidad de superar por lo menos en ciento cincuenta metros el récord mundial –Legagneaux poseía una cifra inferior en setenta y cinco metros- el reconocimiento moral de todos se manifiesta elocuentemente. Ya la cima de los Andes, está más cerca de sus aspiraciones. El día está próximo; la gloria, más cercana…

El domingo 1º de marzo de 1914, a las siete de la tarde, en el Club de Gimnasia y Esgrima se recibió un llamado telefónico informando que en un potrero de la finca del señor Luis Ruiz de la Peña, situado en el límite de esa capital con el departamento Las Heras, había caído un aeroplano tripulado por dos personas, una de las cuales había muerto y la otra estaba gravísima.

El Carnaval porteño se vio interrumpido de improviso. La noticia procedente de Mendoza fue ampliada con la celeridad que imponen las grandes tragedias: "En un accidente de aviación ocurrido en Mendoza, murió el ingeniero Jorge Newbery. Su acompañante, Benjamín Jiménez Lastra presenta heridas de carácter reservado que obligaron a su inmediata internación".

¿Qué había pasado? ¿Cuál fue la razón de la muerte de Newbery?

El 22 de febrero, Jorge Newbery había viajado a Mendoza en compañía de Tito Jiménez Lastra, siendo recibidos en la provincia cuyana por su amigo Teodoro Fels, que se hallaba realizando exhibiciones con su aeroplano.

Requerido por los periodistas locales manifestó que utilizaría en la empresa un aparato Morane Saulnier de 80 HP que habría de traer desde Buenos Aires, razón por la cual volvería a la Capital en un par de días.

Luego de ultimar algunos detalles, en la noche del sábado 28 Jorge asistió a una velada en el Teatro Nuevo, donde fue objeto de calurosa ovación.

Su decisión era tomar el tren nocturno del día siguiente, por lo que telegrafió a su hermano Ernesto para que procurase algunos elementos para el avión, con el cual pensaba regresar a Mendoza el martes por la tarde.

Al día siguiente, asiste con Teodoro Fels y Jiménez Lastra a un almuerzo que el gobernador Rufino Ortega les ofrece en su finca. Al regreso del mismo, donde ha disipado la incredulidad del anfitrión por los riesgos de la empresa, se encuentran con unas familias amigas en el vestíbulo del hotel.

En su trabajo, el biógrafo Raúl Larra ha descripto un diálogo mantenido por Fels, Jiménez Lastra y el mismo Newbery, ante la requisitoria femenina por ver volar a este último.

Jiménez Lastra trató de disuadir a las jóvenes, sosteniendo que el aparato no estaba en Mendoza; Fels hace lo propio, recordando que el suyo debe haber sido desarmado, mas, la fatalidad quiere que ante una breve como rápida comunicación, se sepa que Bordone no lo ha hecho aún.

Entonces Jorge ordena que el técnico vaya con la máquina hacia Los Tamarindos, e invita a Jiménez Lastra para que lo acompañe. Fels le advierte que el día anterior un ala de su Morane tiraba un poco; Newbery le asegura que lo ha de comprobar. Una de las niñas le entrega una medalla de la Virgen de Lourdes y al guardarla, Newbery repara que no tiene consigo el retrato de su madre. Será la primera vez que volará sin él…

Todo esta listo. Son casi las seis y media de la tarde; se inicia el ascenso. El monoplano cabretea hacia la izquierda. Newbery trata de enderezarlo y cobra un poco más de altura.

Ordena a su acompañante que se agarre bien y el Morane no le responde. Quiere mantenerlo, mas, la máquina sigue perdiendo altura. Hasta que da en tierra, tremenda… fatalmente. Son las seis y cuarenta y cinco…

El domingo 1º de marzo de 1914, a las siete de la tarde, un aviso telefónico recibido en el Club de Gimnasia y Esgrima de Mendoza comunicó la muerte del ingeniero Jorge Alejandro Newbery, en un accidente de aviación. Entre sus efectos, una cigarrera de oro, una fosforera, un relicario… y una medalla de la Virgen de Lourdes.

Los primeros en acudir al lugar del accidente fueron el ingeniero Banacci y Teodoro Fels, quienes se dieron de inmediato a la tarea de extraer los cuerpos del aparato destrozado.

En tanto Newbery yacía sobre el asiento, reclinado sobre la derecha, Jiménez Lastra sufría dolores intensos a causa de la fractura de un brazo y la luxación de una muñeca. Ambos fueron trasladados a la Asistencia Pública local, donde los doctores Ruiz, Day y Funes, entre otros, atendieron al herido y dispusieron lo necesario para embalsamar el cadáver de Jorge Newbery. Los doctores Jorge Aubone y Carlos Segura Walrond procedieron a embalsamar el cuerpo, informando que la muerte se produjo instantáneamente.

La llegada de los restos a la Capital se produjo el martes 3 a las 8,45 hs. Una inmensa muchedumbre esperó los mismos en el andén de la estación Palermo, del ferrocarril Pacífico desde donde fueron trasladados hasta el local de la Sociedad Sportiva Argentina.

El Ministro de Guerra dispuso que allí se encontraran a disposición del Jefe de la Escuela de Aviación Militar, dos oficiales y 70 hombres de tropa con fusiles y traje de gala. Durante toda la noche la población de Buenos Aires desfiló incesantemente por el local de la Sportiva y al día siguiente una verdadera multitud tomó ubicación en la avenida Alvear para seguir el trayecto de la comitiva hasta el cementerio de la Recoleta.

Frente a aquel local se colocaron cuatro aeroplanos de El Palomar, con los cuales rendía honores el destacamento de conscriptos y los pilotos tenientes Edgardo Benavente y Elisondo Pissano. A lo largo de la avenida se encontraba el avión de Newbery, con el cual debía cruzar la Cordillera. Atado a la hélice, se destacaba el gallardete del aviador, con un largo crespón. Junto a la máquina, el mecánico Paul Gailly.

Al llegar a la Recoleta, la policía ordenó el cierre de sus puertas debido al gentío y los restos fueron depositados en la bóveda de la familia del doctor Juan Antonio Fernández, cerca del paredón que da a la calle Vicente López.

Antes de cumplirse el mes de la tragedia, llegó a Buenos Aires Benjamín Jiménez Lastra, único testigo y protagonista a la vez del accidente fatal que costó la vida a Newbery.

Recuperado de las heridas sufridas en aquel momento, Jiménez Lastra, dio su versión del suceso: "al hacer el decolaje, el aparato perdió el equilibrio, inclinándose sobre el ala izquierda, en forma tan brusca que Newbery sacó un brazo afuera, tomándose de la "gabaute" para sujetarse y no ser lanzado fuera de la navecilla.

En ese momento y pese a que Jorge logró restablecerlo, me di cuenta del peligro que corríamos. Continuamos subiendo con el aparato completamente cabreado; a los seiscientos metros se inició el primer viraje. Me gritó que me tomase bien e hizo el viraje sobre el ala izquierda. Me tomé de los alambres del fuselaje, porque presentí la caída. El aparato siguió yéndose sobre la izquierda, completamente perpendicular hacia el suelo, siempre sobre el ala. Jorge picó para corregir la marcha; dos o tres veces estuvo a punto de hacer el "looping", pero debido a su sangre fría pudo mantener el aparato en sentido perpendicular. Cuando por última vez pretendió corregir el ángulo de caída, ya era tarde. Estábamos cerca de la tierra. De lo demás, no recuerdo nada".

Los restos de Jorge Newbery permanecieron en el cementerio del Norte (Recoleta) hasta el 2 de mayo de 1937, ocasión en que fueron trasladados a la Chacarita y depositados en el monumento que costeado por una suscripción popular, realizó Hernán Cullen.

Fuente y agradecimiento. Fundacion Marambio.

viernes, 2 de enero de 2026

Pablo Castaibert

 Pionero de la aviacion rioplatense Argentina y Uruguaya

Pablo Castaibert, de nacionalidad francesa y mecanico de profesion, nacido en la villa de Sinacourbe, Francia en 1883 se intereso desde el primer momento en los "mas pesados que el aire". Llego a la Argentina en 1909, a la edad de 29 años. Apasionado por la entonces naciente aviacion, monto un galpon en Villa Lugano, donde ademas de reparar motores se dedico a diseñar y construir monoplanos. 


Castaibert 1910-1. 

En 1910, con poca documentación disponible, aunque mucho entusiasmo, decidió construir en la Argentina monoplanos similares a los que había visto volar en Francia. Su primer avión, construido en su taller en el aeródromo de Villa Lugano, el Castaibert t 910-1 era propulsado por un motor Anzani de 35 Hp, y era similar en apariencia al Santos Dumont "Demoiselle". En los diversos vuelos de prueba, Castaibert cometió errores de pilotaje, ya que jamas había aprendido a volar,y el aparato experimentó averías en varias ocasiones. En Noviembre de 1910, el aviador italiano Bartolomeo Cattaneo comienza a operar desde Villa Lugano con un avión Bleriot XI de su propiedad. Castaibert decidió abandonar el modelo 910-1 y optó por fabricar el primero de una serie de monoplanos similares en concepción al Bleriot.


Castaibert 1911-II. 

Este fue el primero de una serie de exitosos aviones, que establecieron a Castaibert como el primer fabricante de aviones en la Argentina. Al igual que el 910-1, el monoplaza 911-1 utilizaba el motor Anzani de 35 HP y 3 cilindros. Una vez completado este modelo fue ensayado a mediados de 1911 con gran éxito. 

Pablo Castaibert junto a su monoplano N II.

Fotografía: Archivo General de la Nación


Castaibert 1912-III 

El éxito del 1911-ll impulso a Castabert a refinar sus diseños y a desarrollar un monoplano biplaza propulsado por el motor Gnome-Rhone de 50 HP. El primer vuelo de esta maquina tomó lugar el 25 de Mayo de 1911. El 20 de Junio de ese mismo año, abordo de esta máquina Castaibert obtuvo su brevet de piloto. El 7 de Julio realizó un vuelo de 15 kilómetros entre Villa Lugano y el Hipódromo Nacional. El diseño, construcción y buenas cualidades de este aparato atrajo a varios clientes que ordenaron maquinas similares. A pedido de estos clientes, tres de estos 912-III fueron dotados con alas rectangulares a la Bleriot, sin curvatura alguna y se le quitaron los montantes tipo "V". Aunque esta modificación otorgo a la maquina mayor velocidad, también redujo su estabilidad lateral. El 24 e Septiembre de 1912, abordo de su 912- II Castaibert estableció el record de altura argentino al llegar a la marca de 1500 metros. Con esta maquina también participó en una carrera de 400 km entre Buenos Aires y Mar del Plata programada para el 24 de Septiembre de 1912. Los otros participantes fueron Enrique Lubbe con su Rumpler Taibe (motor de 100 HP) el teniente Manuel Felix Origone y el conscripto Teodoro Fels abordo de sendos Bleriots de 50HP. La carrera fue cancelada luego del accidente en que perdió la vida al teniente Origone, pero a pesar del mal tiempo imperante, el 1912-III de Castaibert había cubierto mayor distancia que sus rivales. 

Un número indeterminado de 1912-II fue completado. Uno ejemplar fue dotado de pontones diseñados y construidos en el país. Este modelo fue probado con éxito durante una inundación en Villa Lugano el 25 de Abril de 1914. Otro 1912-III fue equipado con un motor le Rhone de 50HP fabricado en el país en el taller de Miguel Mariscal. Otro ejemplar del modelo 1912-III fue donado por Pablo Castaibert a la naciente Escuela de Aviación Militar, establecida en El Palomar. 


Castaibert 1913-IV

Un nuevo biplaza, similar a los 1912-III , aunque impulsado por un motor de Gnome-Rhone de 80 HP. Un aparato tripulado por el teniente uruguayo Cesareo L. Berisso, de este tipo competió en la carrera internacional Buenos Aires-Mendoza celebrada en los días 17-19 de Julio de 1916. En ella participaron aviones argentinos Bleriot, Depperdussin y un Sanchez Besa chileno. Esta fue la carrera de mas larga duración disputada en América del Sur. El teniente Berisso, quien fue designado para seguir el curso de aviador en la Escuela De Aviación Militar de El Palomar resulto el ganador Favorablemente impresionado por las prestaciones y cualidades de este aparato, el gobierno uruguayo adquirió cinco de estos monoplanos, así como herramientas y repuestos de la fabrica de Castaibert. Esta resulto ser la primera exportación de aviones realizadas por una fabrica argentina, a la que debemos agregar una adicional realizada en Julio de ese mismo año: un Henri-Farman con motor Gnome-Rhone de 50 HP construido en los Talleres de la Escuela de Aviación Militar de El Palomar.


Castaibert 1914-V

Este fue el primer avión triplaza producido en la fábrica de Castaibert. Realizó su primer vuelo el 14 de Abril de 1916 y en Julio de 1916 , con el teniente Juan Manuel Bossi Lanza a los controles se convierte en el primer avión de manufactura argentina en cruzar el Río de la Plata. Boisso Lanza. El 1914-V era propulsado por un motor Gnome-Rhone de 100 HP. 


Museo Aeronautico del Uruguay.


Castaibert 1915-VI

 Bi-plaza equipado con un motor Gnome-Rhone de 80 HP, ste fue el unico ejemplar producido y fue el avión personal de Castaibert, 


Castaibert 1915-VII 

El ultimo modelo producido en la fábrica de Pablo Castaibert, voló por vez primera en Noviembre de 1915. Estaba equipado con motor Gnome-Rhone de 100HP. 15 ejemplares de este tipo fueron construidos.


Tenemos aquí una industria pionera, que produjo aproximadamente unos 25-30 aviones, un espíritu creativo que recorrió todas las fases, desde el diseñador y proyectista, del constructor al aviador. En las palabras de Antonio Bierda R, 

"Triunfó limpiamente, del mismo modo que había visto triunfar a los primeros hombres pájaros en Bagatelle, en Etampes, en Isy, en Villaoublay. De ahi en adelante, don Pablo Castaibert no dejaría de perfeccionar sus criaturas, y del 1911 de 35 HP pasaría en línea progresiva por los 1912/13 de 50HP. 1913-14 de 80HP, los 1914-15 de 100HP tripala, 1916-17 para acrobacia para concluir on el 1915-17 de 100HP triplaza. Producido su tercer modelo, o sea el 1912-13 con motor Gnrome de 5-HP, alternó la faz industrial de su actividad con la de la escuela, y su propia actividad de vuelo a través de todo el territorio nacional. Fue precisamente de este modelo que habrían echar de mano los eternos detractores de la obra ajena. En efecto, los primeros cuatro monoplanos fueron construidos con alas planas, persiguiendo con ello la mayor velocidad. Uno de estos reservó para si el gran maestro: los otros fueron asignados a los alumno Alberto Jarfelt, Lorenzo Eusebione y José María Pérez Arzeno. Aquella característica la tornaba sumamente inestable a los monoplanos, y particularmente indóciles en los virajes. Todos concluyeron destruidos en accidentes con, lamentablemente, consecuencias fatales para Eusebione y Pérez Arzeno. El primero había agravado aún mas aquella peligrosa característica disminuyendo las superficies en los extremos de ambas alas. Cuando Castaibert, aleccionado por la dura experiencia, dio perfil curvo a las alas, sus monoplanos dieron experimemtos iguales o superiores a los más reputados aeroplanos extranjeros. En cuanto a su acabado, era cosa que sobresalía a primera vista 

"No obstante sus detractores se mantuvieron en su tesitura y continuaron su triste tarea negativa. Para mayor comprenderlos, recordare el siguiente diálogo de absoluta veracidad histórica: -"Dice usted que las alas ni de lejos son comparables con las del Bleriot; que el tren de aterrizaje es complicadísimo al lado de los del Dupperdussin, que el sistema de comandos no es lo racional de los Farman, que el trípode de dirección, que el patín, que la cola etc, etc. etc. Bien supongamos que introducimos en el Castaibert todas las modificaciones que usted aconseja, convendría usted en que el Castaibert sería entonces, ¿un buen aeroplano nacional? " "No señor, no convendría nada porque el Castaibert seguiría siendo malo, puesto que nadie sabe como esta calculado ni verificada su construcción (en la misma situación se encontraban todos los extranjeros) y por eso siempre he de oponer mi prédica a las posibles adquisiciones de aeroplanos nacionales para ser usados en la Escuela de Aviación Militar de "El Palomar" 

Y pudieron más estos autoerigidos mentores de la aviación argentina con sus insustanciables e irresponsables comentarios (no diré perversos) que la labor abnegada, tesonera y admirable del precursor, a través de sus cientos de horas de vuelo exitoso a lo largo y ancho del país, que la decena de alumnos formados con óptimo resultado; que la insuperada serie de modelos diseñados, calculados, construidos y experimentados personalmente en el lapso de seis años, que la experimentación del primer motor de aviación construido en la Argentina, que la primera conversión de un momoplano terrestre en acuático, etc." 

Luego de celebrar el contrato por cinco maquinas para el gobierno uruguayo, este humilde y tesonero precursor de la aviación argentina cerró las puertas de su fábrica en Villa Lugano y se radicó en Montevdeo; retirándose para siempre del ámbito de la aviación. Falleció en Montevideo el 18 de Mayo de 1951. La aviación uruguaya tuvo la previsión, o quizás simplemente la buena fortuna de preservar un monoplano Castaibert; que se exhibe en el Museo de Aeronáutica, en Montevideo. 


Los primeros motores de aviación producidos en la Argentina 

"En 1915, el 27 de Agosto para ser mas precisos, se ha visto que Don Pablo Castaibert probaba con pleno exito, el primer motor de aviación construido en el país, Así fue en efecto; pero se trataba de un motor fabricado bajo licencia Le Rhone, correspondiente al motor de 50HP, rotativo a válvulas comandadas de siete cilindros, refrigeración a aire. Su constructor era don Miguel Mariscal, industrial español, instalado con taller en la calle Córdoba 3658 en Buenos Aires. Tenia el propósito de conjurar el riesgo de que se paralizasen las actividades aéreas a causa de la guerra imperante n Europa. Luego construyo el modelo 90 HP del mismo motor. Comprobado el excelente rendimiento de ambos, Mariscal lanzó su producción al mercado, la que alcanzo a 30 unidades al mercado,muchas de las cuales fueron enviadas a los países vecinos y a España. Teniendo en cuenta de que los motores construidos por Mariscal eran trabajados a torno, directamente sobre un block de acero, y que las grandes dificultades que ofrecía la construcción del carter habían trabado la producción en serie, don Edmundo Lucius, entonces jefe de los talleres de la Escuela de Aviación de El Palomar, afrontó de por si , ya a fines de 1918, la construcción de un motor Le Rhone de 80 HP, con carter fundido. Para ello, utilizó el primer horno eléctrico que funcionó en Sudamérica, establecido en Buenos Aires, Canning 3600 por la Compañía Argentina Industrial de Electricidad. Este motor que constituyó también todo un éxito, se colocó en el primer avión Caudron GIII , construído en El Palomar y su vuelo de prueba lo realizó el capitán Alberto Gonzaléz Albarracín. Mientras tanto, ya se haba realizado el armisticio. Estos esfuerzos ya no eran necesarios.


Accidentes Fatales

Las crónicas también relatan, lamentablemente, durante los años 1.913-1.916, cuatro accidentes fatales en la Argentina en los que participaron sus aparatos, y que le costaron la vida a cinco personas, cuatro pilotos y un acompañante:

- El 26 de enero de 1.913, a las 17.50, Lorenzo Eusebione se precipitó a tierra a poco de despegar en Villa Lugano con su Castaibert IV (de 50 HP) modificado. Falleció a las 19.00, luego de varias horas de cruenta agonía. Se constituyó así en la segunda víctima fatal, primera en lo civil, de nuestra aviación. Había obtenido su brevet de aviador en la escuela dirigida por Pablo Castaibert tan sólo 10 días antes.

- El 12 de Abril de 1.913, también con un Castaibert IV (de 50 HP), sufrió un accidente fatal el piloto José M. Pérez Arzeno en la localidad de Coronel Domínguez, mientras trataba de cubrir el trayecto Pergamino-Rosario. Pérez Arzeno contaba tan sólo con 22 años de edad y el accidente se produjo 22 días después de haberse diplomado.

- El 13 de Noviembre de 1.916, con una máquina del mismo tipo se accidentaron en la localidad bonaerense de Bouchard el piloto Pedro M. Machó y su acompañante, el joven Alfredo J. Bonino, oportunidad en la que Machó halló la muerte, en tanto Bonino falleció tres meses después, presumiblemente a consecuencia de las lesiones sufridas.

- El 25 de Noviembre de 1.919 en el paraje denominado “Molino Laporte”, en Tandil, provincia de Buenos Aires se precipitó a tierra Sebastián Peyrel, que falleció al día siguiente.


Fuente y agradecimiento:  Ing. Mario A. Battagion.

martes, 30 de diciembre de 2025

Castaibert

Proximamente.

Monumento en Villa Lugano.

En 1910, funcionó el primer aeródromo del país en el barrio bonaerense de Villa Lugano y fue allí donde el francés Pablo Castaibert montó un taller-escuela, constituyéndose en pionero de la industria aeronáutica nacional.
El monumento se inauguró en octubre de 1983. El avión es una réplica del "Castaibert II" realizado por el Sr. José Uberia.